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La situación de la Sociedad Civil Organizada de África frente al impacto de la crisis enconómica internacional

La reciente crisis financiera, agudizada desde el inicio de la década del 2000,3 y que conoció sus momentos más críticos en el periodo 2007-2009, ha estado marcada por una recesión económica sin precedentes desde la del 1929. Esta crisis, que ha comenzado en los Estados Unidos, produjo rápidamente una onda de choque que se extendió por prácticamente todo el planeta a causa de la globalización.

La crisis que continuamos sufriendo bajo diversas formas es, según Jacques Sapir, «la crisis de la repartición de los ingresos». Las diferentes manifestaciones de la crisis están ligadas a los mismos mecanismos de la globalización, con una crisis de la especulación y de las transacciones financieras internacionales que escapan al control y a la soberanidad de los Estados. Durante un largo periodo, EE UU focalizó su economía a la vez en el endeudamiento inmobiliario para la promoción de la demanda del consumo, en el endeudamiento de EE UU y en la especulación financiera. La crisis del mercado hipotecario americano ha tenido un gran impacto sobre la calidad de la deuda de los hogares y sobre su dificultad en hacerle frente, en particular por la pesada carga de los intereses relativos al endeudamiento de los hogares.

La crisis, además de haber provocado la quiebra de varias multinacionales comoLehman Brothers, ha tenido también como consecuencia el cierre de varias fábricas y aseguradoras, en particular en Alemania y en los Estados Unidos (General Motors, AIG, etc.), dejando a miles de personas sin empleo (159 000 puestos destruidos en septiembre del 2009 en EEUU), y que han engrandecido las lista de excluidos del sistema. Según el BIT, el número de desempleados en todo el mundo podría haber pasado de 190 millones en 2007 a 210 millones a finales del 2009. La crisis también ha conllevado una reducción drástica de las transferencias de dinero del norte al sur, tanto con respecto a la Ayuda Pública al Desarrollo (APD) como con la Inversión Directa Extranjera (IDE), produciendo como consecuencia la estancación de varios grandes proyectos de infraestructuras en varios países del sur, especialmente en África, con otros tantos empleos perdidos. La crisis también ha conllevado una reducción de las transferencias de dinero de la diáspora para sus familias, en un contexto en el que las aportaciones financieras de los miembros de la familia expatriados representan lo esencial de los ingresos de muchas familias africanas, y que suponen varios millones del PNB de varios Estados africanos (Cabo Verde, Senegal, Mali, etc.). La crisis también ha afectado a las Organizaciones de la Sociedad Civil y a las ONG en particular, del norte y del sur, que han visto reducirse las subvenciones y el financiamiento que recibían por parte de los poderes públicos, de las fundaciones y de otras organizaciones filantrópicas.

Incluso si la crisis económica parece que está dando una tregua gracias a las medidas de cuasi-nacionalización de AIG, por ejemplo, mediante la adquisición por el tesoro americano del 80% de sus acciones y un préstamo puente de la Reserva Federal de 80 mil millones de dólares, muchos observadores consideran que resultaría arriesgado considerar que el sistema capitalista neoliberal que domina el mundo está en condiciones de redinamizarse solo. Por todo el mundo nos preguntamos cada vez más si el gobierno del mundo por el mercado puede conducir al desarrollo sostenible, sin olvidar todas las amenazas que supone a los recursos de nuestro planeta y al medio ambiente. Porque el sistema neoliberal no solo ha generado una crisis económica y financiera, sino que también es el origen de la crisis energética (con la creciente escasez del petróleo y de sus derivados, lo que ha alimentado la lucha por el acceso a los recursos petrolíferos del globo4) y de la crisis alimenticia (o, más bien, crisis del precio de los productos alimenticios) ligada a los crecientes precios del petróleo, en un momento en el que el planeta produce más alimentos de los que podemos consumir. El continente africano (cerca de 200 millones de africanos pasan hambre de manera crónica5) ha sido especialmente tocado por la crisis alimenticia, con «revueltas del hambre» en varias grandes ciudades africanas durante los dos últimos años.

El sistema neoliberal, un goloso de los recursos naturales, también es el origen de la crisis climática mundial, ligada principalmente a los gases de efecto invernadero emitidos a la atmósfera por los sistemas de producción intensiva (industrias y ganadería intensiva) que destruyen la capa de ozono que protege nuestro planeta, con todos los desajustes climáticos como consecuencia (inundaciones, sequías, maremotos, etc.).

Pero mientras el mundo entero sufre las consecuencias de esta crisis múltiple, los poderes públicos no hacen gran cosa por abordar las causas profundas de esta crisis y por evitar que se reproduzca en el futuro. Los gobiernos del norte han puesto más bien sus bancas y fábricas en quiebra bajo «fuerte perfusión», inyectando sumas vertiginosas6 para salvar de la quiebra a los bancos privados, contradiciendo así uno de los principios fundamentales del sistema neoliberal basado en la no-intervención del Estado en las fuerzas del mercado.

En los países del sur, y sobre todo en África, las reacciones de los Gobiernos son variadas, yendo desde la ruptura de África en las reuniones internaciones sobre la crisis, al intento de expresar su voz mediante reuniones a nivel continental, en las que destacan las iniciativas del Banco Africano para el Desarrollo, pero también en ciertos casos, la toma de iniciativas a nivel estatal para encauzar la crisis.

Frente a la «débil reacción» de los poderes públicos, sobre todo del sur, para un análisis profundo de esta crisis múltiple y la aplicación de soluciones duraderas, las Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC) (tanto del norte como del sur, y en particular de África), también víctimas de la crisis generalizada, ven en ella un argumento suplementario y decisivo para su acusación desde el inicio del milenio, para «otro mundo» alternativo a la globalización del neoliberalismo. Desde entonces han saltado a la palestra, a veces unánimemente, a veces individualmente o en grupos temáticos, para
denunciar las causas profundas de la crisis y solicitar un nuevo orden mundial, alrededor del concepto de otro mundo es posible.

La historia de la humanidad nos enseña en efecto que las crisis llevan los gérmenes de un nuevo orden, a menudo apoyado por pensadores particularmente audaces o por grupos de presión, que obligan a los Gobiernos a crear las condiciones para los cambios esperados. La crisis del sistema neoliberal, bajo sus diferentes expresiones (crisis económica y financiera, crisis energética, crisis alimenticia, calentamiento global, por citar tan solo algunas) suscita desde entonces una reflexión sobre las respuestas que se deben dar, que pasan tal vez por un cambio geopolítico radical de los tres polos: el G8, el G20 y el Sur. En esta busqueda de un nuevo orden, que debe probablemente pasar por cambios de paradigmas en el contexto de la globalización, la sociedad civil organizada, tanto a escala mundial como regional/continental y local, tiene un importante papel que desempeñar.

Mediante el presente Documento de apoyo didáctico para la Escuela Internacional de Cooperación al Desarrollo de IEPALA, vamos a examinar las dimensiones esenciales para la comprensión de la crisis financiera y de las crisis ligadas al sistema neoliberal; posteriormente, le echaremos un vistazo a los impactos más destacados de las diferentes crisis en África. A continuación, estudiaremos las principales reacciones de los Gobiernos, tanto del norte como del sur, y en particular de África, frente a su conjunción. Por último, haremos hincapié en los impactos de esta crisis múltiple sobre la sociedad civil organizada en el mundo, así como en las reacciones específicas de esta sociedad, en concreto de los movimientos altermundialistas, antes de interesarnos más a fondo por las estrategias de respuesta de la sociedad civil organizada africana en su diversidad y en su busqueda de la unidad, que procura posicionar al ciudadano africano como ciudadano del mundo, y África no como espectadora sino como actriz de la geopolítica mundial. 

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